Mario tenía 5 años.
No había andado nunca en bici, ni dado patadas a un balón, ni bañado en la playa...........estaba enfermo desde su nacimiento y solo conocía las paredes de su casa y de las habitaciones de los hospitales donde iba a veces.
Sin embargo era un niño feliz.
Desde su ventana divisaba un cerezo japones al que llamaba "amigo" y saludaba todos los días.
- Buenos días amigo le decía al despertar.
El arbolito se ponía muy contento y tal parecía que sus flores y sus hojas brillaban más cuando el niño le hablaba.
Solamente tenía una preocupación. Su madre le había dicho que iría al cielo pronto y eso le desconcertaba.
- ¿Como es el cielo Mama?
- Pues esta lleno de niños y de angelitos. Tendrás con quien jugar
- ¿Estareis vosotros allí?
- No, pero no tardaremos mucho en ir a verte.
A Mario eso de estar separado de sus papas no le hacía ninguna gracia, pero procuraba no pensar en ello.
"todavía faltaba mucho para eso"
Un día al despertar se encontró que no estaba en su cuarto.
Era una pradera muy grande y verde llena de árboles. Había olmos, robles, fresnos, flamboyanos, hayas..............árboles de todo tipo
Un bosque pensó acordándose de lo que veía por la tele.
Los árboles cuchicheaban entre si, pero a él no le decían nada.
Se dio cuenta que no le dolía nada y de que podía correr y saltar como todos los niños, así que emprendió una veloz carrera hasta que llego a un caudaloso río en el que se baño por primera vez en su vida.. Saltaba, brincaba, se subía a los pinos y hasta se hizo una casita dentro del tronco de un baobab.
Fue pasando el tiempo y un día se dio cuenta que estaba solo. No tenía con quien hablar, ni con quien jugar.¿ Donde estaban los niños de los que le había hablado su madre?
Se metió en el baobab y se puso a llorar.
El árbol se apiado de él y decidió hablarle.
-¿Que te pasa? le pregunto.
- No sabía que hablabais le dijo el niño asustado.
- A veces. ¿porque lloras?
- No se donde estoy y echo de menos a mi familia y a alguien con quien jugar. Mi madre me dijo que en el cielo habría muchos niños y no hay ninguno.
- Es que este es el cielo de los árboles.
- Creí que cielo solo había uno.
- !No¡ hay cielo de personas, cielo de flores, cielo de árboles, cielo de animales............ y tu estas en el de los árboles. Es la primera vez que pasa una cosa así.
- Y como podría ir a mi cielo.
Los árboles que estaban cerca empezaron a opinar sobre el tema, pero no sabían la solución.
Un joven brezo al ver que no llegaban a ninguna conclusión dijo:
- Vamos a preguntárselo al drago que es muy viejo y seguro que sabe que hacer.
El drago manifestó:
- Nunca me había visto en este dilema. Preguntare a Dios que lo sabe todo. Volved dentro de dos días que ya tendré la respuesta.
Cuando Mario volvió le dijo:
-Tienes que buscar aquí un árbol que hayas conocido en vida y el te ayudara.
- No conozco ninguno, nunca salia de casa. Solo veía uno desde mi ventana pero sigue allí.
- Pues mientras no lo encuentres no puedes salir de aquí.
El niño cada vez estaba más triste.
!Como iba a encontrar el árbol que le ayudara¡ si solo conocía uno y seguía en la tierra.
Paseando cabizbajo se metió en una zona por donde no iba nunca y a lo lejos vio unas flores iguales a las de su "amigo" el cerezo.
Corrió hacía allí esperanzado.
- Hola Mario, me alegro de verte le dijo el cerezo.
- ¿Eres "amigo" te estaba buscando. Solo tu me puedes sacar del lío en el que estoy. Pensé que seguías vivo.
- La noche en que tu te fuiste un rayo acabo conmigo y desde entonces estoy aquí.
- Estoy en el cielo que no me corresponde y solo tu me puedes ayudar.
- Lo se. Viniste conmigo por equivocación, te estaba esperando. Subete a mis ramas y duerme.
Así lo hizo Mario y cuando despertó se encontró por fin en el cielo humano.
Como habían pasado muchos años sus padres ya estaban allí y se pusieron muy contentos al verlo.
Desde entonces Mario fue completamente feliz y a cada x tiempo pedía permiso a Dios y se iba a visitar a sus amigos los árboles.
Cuento de Lucre
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